Prosiguiendo con el tradicional abuso que sufrimos los madrileños por parte de los españoles, los desmanes no han terminado: hoy día aguantamos a los aceituneros jienenses, a los mineros asturianos y del Bierzo, a los ganaderos manchegos y a los pagesos catalanes en nuestras calles: la Castellana llena de tractores, Atocha atascada por piaras de cerdos, Arzalluz con el Guernica… ¿por qué hemos de aguantar tanta humillación? ¿por qué hemos de soportar sus estúpidas reivindicaciones? Si bien el pueblo madrileño respeta a otros integrantes del Estado español, no hay razón por la que debamos seguir aguantando en nuestras calles sus reclamaciones, sean justas o no.
Este trato despreciativo es propiciado por el Estatuto de Autonomía de la Comunidad de Madrid, impuesto al pueblo madrileño y que no recoge sus aspiraciones y derechos. Emanado del estatuto, sufrimos al gobierno actual de la Comunidad de Madrid, que permite e incluso promueve la destrucción del medio ambiente madrileño mediante la construcción de infraestructuras ferroviarias o viales (AVE, nuevas autovías) que sólo sirven para beneficiar a otros a costa de arrebatarnos nuestra herencia secular.
Al mismo tiempo, sepultados por sevillanas, aizkolararis, bertsolaris, sardanas, gaitas y otras gaitas, los madrileños vemos cómo desaparece nuestro valioso acervo cultural. El chotis y la zarzuela como expresiones musicales, el organillo, los barquillos, los chulapos y chulapas…
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